Con C de culpa

Si pensamos por un momento en la última vez que culpamos a alguien de algo, posiblemente no tendríamos que recordar más allá del día anterior, lo cual sería en sí mismo un criterio de medición de nuestro comportamiento.

No obstante, tal vez tenga más importancia reflexionar, en primer término, sobre las causas que provocan nuestros actos y establecer el número de ocasiones en las que se hacen presentes a modo de indicador de conducta. Además, en caso de querer cambiar, dicho indicador nos permitiría evaluar la futura evolución de nuestro comportamiento.

Las causas no son tan evidentes, pero si tenemos que elegir un lugar por el que empezar a buscar, la primera opción puede ser por uno mismo. Esta premisa ya marca una diferencia, ya que las culpas son nuestra forma habitual de transferir a los demás la responsabilidad de lo que nos afecta negativamente, por ello, la invitación a buscar en nosotros mismos tiene la intención de fijar un nuevo modelo de análisis.

Nuestra conducta habitual a la hora de culpar es establecer el qué, buscar un porqué y otorgarle al quién la culpa. Podemos analizarlo con un ejemplo, analizando distintos tipos de comportamiento (que posiblemente alguna vez hayamos presenciado el algún ámbito de nuestra vida profesional o personal):

Culpando
a (qué) “mira lo que has hecho”
b (porqué) “esto me pasa por confiar en ti”
c (quién) “siempre tienes que ser tú, no tienes ni idea”

 

En este caso, la persona que realiza este tipo de afirmaciones está transmitiendo todo el peso de la culpa a otra, quedando liberada ésta de todo tipo de responsabilidad, entre otras cosas, por la forma y fondo de sus afirmaciones.

Planteemos un ejercicio, pensemos en un escenario en el que haya una parte de responsabilidad que la primera persona podría asumir, al menos, planteemos algunas preguntas que hagan reflexionar a la persona que acusa, sobre las posibles causas desde un enfoque de “responsabilidad compartida”:

Compartiendo culpa
d (qué) “¿sabía lo que tenía que hacer?” …. “¿le expliqué lo que esperaba de él?”
e (porqué) “¿confío en el otro en todo caso o sólo cuando el resultado me satisface?” …. “¿confío o eludo responsabilidades?”
f (quién) “¿cuál es mi responsabilidad si los problemas se repiten?” …. “¿qué le hace falta saber al otro?” …. “¿en qué puedo ayudarle?

 

Normalmente estas preguntas cambian el análisis del enfoque de las acusaciones, como mínimo, permiten incorporar a ambas personas en el debate de las causas y responsabilidades, lo cual es un gran paso para aquellos que habitualmente no se encuentran en este foro.

Aunque, podemos ir más allá, no sólo ser parte integrante de los posibles culpables, sino que podemos cambiar el sentido de las afirmaciones poniéndonos como protagonistas de la culpa, quedando el diálogo en afirmaciones como las siguientes:

Asumiendo culpa
h (qué) “mira lo que ha pasado por no explicarle lo que esperaba conseguir”
i (porqué) “esto pasa por eludir mi responsabilidad”
j (quién) “siempre me pasa lo mismo, necesito mejorar”

 

Ha llegado el momento de los indicadores, podemos tomar cada una de las alternativas propuestas como indicadores de nuestro comportamiento, ya que aunque las reflexiones puedan hacer que nos veamos reflejados en un modelo u otro, las acciones que realizamos de forma automática nacen de nuestro inconsciente y se transforman en conductas concretas, las cuales sólo tenemos que contabilizar ¿en qué perfil te encuentras? … ¿qué te dicen los valores calculados? … ¿hay alguna tendencia en cada aspecto concreto más que en otros? … ¿te comportas de forma distinta en el (qué), (porque) y (quién)?

Estos comportamientos tienen que ver en numerosas ocasiones con los mecanismos de defensa que ponemos en acción de forma inconsciente para evitar aceptar algo que nos hace sentir mal, proyectando dicho sentimiento en forma de culpa hacia otro, según explica Will Schutz en su teoría de The Human Element®.

Por tanto, podemos analizar nuestras tendencias de comportamiento como indicadores según en qué medida nos afecta en cada bloque de comportamiento, ya que la negación/culpa, aceptación de parte de responsabilidad o hacernos responsables, pueden ser un ejemplo de análisis para trabajar en reducir este tipo de comportamientos de defensa, que nos alejan irremediablemente de la realidad.

Una posible lectura de todo lo anterior puede ser:

si el (qué) es el aspecto más relevante en el primer bloque (a), tal vez no estemos estableciendo con claridad los objetivos a nuestro equipo
si el (porqué) es el aspecto que aparece con más relevancia en el segundo bloque (e), puede que nuestro grado de compromiso con los objetivos varíe en función de la dificultad que nos supone conseguirlos
si el (quién) es nuestro aspecto mayoritario en el último bloque (j), podemos estar en un alto grado de responsabilidad ante el problema o  en un nivel de autoexigencia que puede llegar a bloquearnos

 

Como en todas las reflexiones, no se pueden establecer análisis buenos o malos, lo realmente interesante es que hay de nosotros en el análisis y el poder de las acciones que llevemos a cabo después de analizar las reflexiones.

Y no olvidemos que una vez establecidos los criterios, podremos ver los cambios que se produzcan, solo tenemos que observar nuestra conducta y contar…

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